Memoria

Desayunos con mi madre

Recuerdos entre café, conversación y olvido

Recuerdo los días en que llevaba a mi mamá a desayunar al Manolin. Ya nos conocían. Siempre buen servicio, y deliciosos los platillos.

Casi siempre pedíamos machacado a la mexicana con tortillas de harina. A veces menudo. Pero de ley eran las empanadas de piña y ese café recién hecho.

A veces veía cómo movían el calcetín para el café. Ahí supe que era café Royal.

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Maru, mi mami, a veces pensaba que todavía era jovencita.

Con una sonrisa traviesa, mirando alrededor, muy quedito me decía:

Aquí vienen puros viejillos.

Yo creo que a mí también me veía así.

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De repente, mientras desayunábamos, me decía:

Pues mira, muchas gracias, he estado muy a gusto. No te conozco bien, pero me caes bien… otro día platicamos.

Y se quería ir.

Me esperan en mi casa. Veo que pasan camiones, así que tomo uno.

···

—¿Traes dinero?

—Sí, aquí traigo mi bolsa.

Era la bolsa que yo le había regalado. Siempre la llevaba al hombro.

—¿Quién te la regaló?

—No me acuerdo… pero es alguien muy querido.

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—¿Te puedo llevar a tu casa?

—No sabes dónde vivo.

—Sí sé, vamos.

—Mejor me voy en camión, no me gusta dar molestias.

···

—¿Tu mamá vive?

Se le veía la confusión en la cara.

—Mi mamá murió… pero me dejó una casa.

—¿Y a quién vas a ver?

—No me acuerdo cómo se llaman… pero sé que me quieren mucho.

···

La llevé.

Se me partía el corazón saber que su casa ya no existía. Era un OXXO.

—¿Cuál es tu casa?

—Aquí no es.

Se empezó a angustiar.

···

—No te preocupes, aquí estoy yo. Yo soy tu hijo.

Me miró… y me dijo:

¿Qué te pasa? Estás muy viejo para ser hijo mío.

···

Seguí platicando… poco a poco regresó.

Se tranquilizó.

—¿Vamos al panteón a ver a nuestros muertitos?

—Sí, Fidito… vamos.

···

Fueron varias veces.

Ya no la volví a llevar a la colonia.

Era demasiado angustioso para ambos.

···

Ese día fue el 21 de julio de 2011.