Memoria familiar

El descubrimiento de los libros

Un verano que abrió un mundo nuevo

Ese verano estábamos solo mi abuelo y yo. Y Blanca, que venía por las mañanas a hacer la comida.

Yo tenía todo el tiempo del mundo.

Exploré cada rincón. Hasta que encontré la casa de mi tía al fondo.

Entré.

Todo estaba limpio, silencioso. Recorrí la sala… la recámara… y entonces vi la vitrina.

Libros gruesos, de pasta verde.

Abrí uno.

Se abrió un mundo.

Zoología, astronomía, geografía… cosas que ni sabía que existían.

Me senté en la cama, luego junto a la ventana para ver mejor.

Regresé todos los días.

Nunca pedí permiso. Tampoco me dijeron nada.

Creo que mi abuelo lo sabía.

Gracias abuelo por ser mi cómplice.

Eso cambió todo. Me hizo entender mejor la escuela, la vida… el mundo.